Familiares y el miedo a reclamar

Carta familiar

Sí, es verdad. Hay todavía muy pocos familiares que se atrevan a reclamar. Cuando ellos se van todos los días, dejan a su padre, su madre, su familiar en la residencia. Temen mucho lo que les puede pasar si reclaman. Los directores de las residencias, los directores generales del mayor y del AMAS, el consejero, la presidenta, las instituciones de la Comunidad que deberían ser los primeros, como es su obligación, en pedir que se reclamase, pero no quieren reclamaciones, y ni tan siquiera lo ocultan. Las tienen aversión. Y tienen todavía más aversión a que se vaya a los medios, a que salga en la prensa, a que les pregunte el Defensor del Pueblo, al que tratan de eludir, retrasar y porfiar si llega el caso. Si hay reclamaciones, las ocultan, las desprecian, las banalizan. Tienen cartas ya preparadas para responder. Cartas que no dicen nada. Cartas generales que no hablan del caso. Cartas que hagan perder la esperanza a los familiares que se toman las molestias de reclamar con el temor consiguiente. Y cuentan además conque la muerte del residente está relativamente próxima, y que esas pocas reclamaciones de los pocos que no desisten, dejarán de llegarles.
Y se escudan, sin ninguna vergüenza, "que hay pocas reclamaciones", que hacen "encuestas de satisfacción", que hacen "sus inspecciones". Pero ocultan lo que pasa en las residencias. La ofensiva y gravísima falta de personal. Lo mal considerado que está su trabajo, que lleva a devaluar sus condiciones para expulsar a los mejores profesionales y remplazarles continuamente por personal con escasa formación que aceptan cualquier condición de trabajo para sobrevivir. Y son además adalides de ese ir y venir continuo de los auxiliares que no les permita tratar bien a los residentes y familiares, que les impida socializar y empatizar con ellos.
Y muchas veces no reclaman los familiares, por su experiencia, y lo ven todos los días. que casi nunca es realmente culpa del auxiliar gerocultor, ni del ATS. Es un problema de las empresas, de la Comunidad que induce en sus Pliegos, inspecciones y condiciones, una alarmante falta de personal. Y que niegan las dos cosas con todo descaro. Niegan la falta de personal y niegan que sean ellos mismos, los directores y consejeros, quienes han inducido la grave falta de personal en las residencias. Los cambios en los Pliegos lo demuestran.
Hay en otros casos que los familiares se niegan a darse cuenta del evidente maltrato e incluso, como afirma el Defensor del Pueblo, de casos de posible tortura. Del sufrimiento del residente por estar en unas condiciones que no querrían los familiares para ellos mismos. Y se dicen. "Ya son mayores". "Es ley de vida". "No se dan cuenta". "No podemos hacer otra cosa". "Bastante tienen para lo que cuesta". "No queremos problemas". "Solo ha sido esta vez". "Peor estarían en casa sin nadie que les vigile".
Por todo ello, quizás lloremos, pero no podemos callar.